martes, 21 de octubre de 2008

El momento de concluir en el inicio.

Aunque resulte paradójico, nada más propicio que tomar el testimonio de un fin de análisis para indagar en los pormenores de sus inicios. Y tanto mejor si el texto pertenece a un analizante del más célebre psicoanalista después de Freud.
En Una temporada con Lacan[1], Pierre Rey cuenta que su primer contacto con el famoso consultorio de la Rue de Lille fue por vía telefónica. Según parece, una vez formulado el pedido de entrevista, Lacan irrumpió en la línea y tras un largo silencio deslizó la pregunta que precipitó el momento de concluir: “Algo no funciona”[1].
Desde luego, si bien pasaron muchas cosas en los diez años que Rey transitó hasta dar por terminado su tratamiento, todo indica que aquella frase continuó vigente. En efecto: algo no funciona.
Porque acaso ¿no sería éste el enunciado propio de un fin de análisis, a saber: la lisa y llana admisión de un imposible constitutivo, causa del malestar en la cultura y objeto del plus de goce con que el neurótico paga su exceso sintomático?
En otros términos: ¿Qué puede cambiar desde el principio al fin de la experiencia del análisis sino es la posición subjetiva respecto a un mismo enunciado?
Por eso, lejos de insinuar el logro de alguna armonía genital apurada a pura oblatividad, la palabra que orientó el análisis de Rey apuntó más a criticar su particular solución de compromiso que a rebelarse contra la estructura, a dejar caer un lastre que a sostener la ortopedia de un sentido coagulado, a disolver una ilusión que a reforzar la expectativa de una satisfacción imposible:
“... la intensidad se eclipsa por ser demasiado: demasiado, como un sonido perfecto que durase demasiado tiempo, un color demasiado puro, un amor demasiado violento, una belleza demasiado dolorosa. Demasiado. “[1] .
Algo no funciona.
Sergio Zabalza


[1] Pierre Rey, Una temporada con Lacan, Argentina, Seix Barral, 1990.
[1] Op. cit. página 41.
[1] Op. cit., página 84.


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