Cada año nos replanteamos nuestra escuela y también en qué consiste la enseñanza del Psicoanálisis. La dificultad que ésta entraña se relaciona con la difícil articulación entre enseñanza y transmisión. Aprender, aprehender, relacionar, discutir, conceptualizar son un esfuerzo de pensamiento que en nuestra disciplina se revela insuficiente si no está en relación con un efecto de verdad. Cada analista encuentra en su formación ese escollo, figurado en la imposibilidad de los conceptos para construir una técnica que funcione en el encuentro singular que lo real de la práctica impone.
Así, nos encontramos con una pregunta que surge con insistencia luego de superado un primer momento de inhibición. Se trata de la pregunta por el ¿Qué hacer? Entendemos que es una pregunta valija, que contiene y comprime muchas otras que se presentan en distintos momentos de la formación analítica: ¿Qué hacer?, ¿Qué decir?, ¿Decir?, ¿Hablar?, ¿Qué es aportar sentido?, ¿Qué es la abstinencia analítica?, ¿Tan lejos estamos de la terapia hipnótica cuando el analista no habla?, ¿Cuándo y como interpretar?, ¿Qué es una construcción?, ¿El analista debe Buscar, Encontrar, o ambas cosas?
Abrir el contenedor del ¿Que hacer? libera entonces una serie de otras preguntas que no son ajenas a lo que en la historia del psicoanálisis podemos situar como las impasses y problemáticas que dieron lugar a sucesivas teorizaciones y refundiciones conceptuales tanto en Freud y Lacan como en otros analistas.
En consonancia con eso, el propósito de nuestra enseñanza se plantea como un intento de propiciar dicha apertura problematizando la inhibición de las preguntas y confrontando las elaboraciones conceptuales con el estudio de casos presentados en los talleres clínicos.
Entendemos que hay un saber del psicoanalista al que no se puede acceder sin una exposición a lo real de la clínica y que tampoco es posible un acceso genérico, sin pasar por los interrogantes, los rechazos y los momentos singulares del análisis de cada uno.
Es decir que estas y otras preguntas no son ajenas a la conceptualización del analista pero tampoco al momento de su análisis y al punto en el que está tomado en la transferencia.
Apostar a que se exponga el no saber, supone situar los puntos estructurantes de la experiencia ligados a lo imposible del saber, un saber que si es verdadero no se sabe. Por eso no se trata de producir un reforzamiento del discurso universitario que tienda a completar lo que no se sabe, sino a buscar en ese no saber un punto de apoyo. Apoyarnos en lo evanescente de ese saber-no saber, que se corre y escapa, tiene la virtud de propiciar el encuentro con lo que ese mismo escape re-vela: un hilo técnico o la advertencia de un camino…
Nuestra apuesta es que el efecto de transmisión incluya esta advertencia que podríamos sintetizar en el equívoco de las lenguas que posibilitan el encuentro humano pero al mismo tiempo lo complican.
Guillermo Vilela
guillermovilela@fibertel.com.ar
Así, nos encontramos con una pregunta que surge con insistencia luego de superado un primer momento de inhibición. Se trata de la pregunta por el ¿Qué hacer? Entendemos que es una pregunta valija, que contiene y comprime muchas otras que se presentan en distintos momentos de la formación analítica: ¿Qué hacer?, ¿Qué decir?, ¿Decir?, ¿Hablar?, ¿Qué es aportar sentido?, ¿Qué es la abstinencia analítica?, ¿Tan lejos estamos de la terapia hipnótica cuando el analista no habla?, ¿Cuándo y como interpretar?, ¿Qué es una construcción?, ¿El analista debe Buscar, Encontrar, o ambas cosas?
Abrir el contenedor del ¿Que hacer? libera entonces una serie de otras preguntas que no son ajenas a lo que en la historia del psicoanálisis podemos situar como las impasses y problemáticas que dieron lugar a sucesivas teorizaciones y refundiciones conceptuales tanto en Freud y Lacan como en otros analistas.
En consonancia con eso, el propósito de nuestra enseñanza se plantea como un intento de propiciar dicha apertura problematizando la inhibición de las preguntas y confrontando las elaboraciones conceptuales con el estudio de casos presentados en los talleres clínicos.
Entendemos que hay un saber del psicoanalista al que no se puede acceder sin una exposición a lo real de la clínica y que tampoco es posible un acceso genérico, sin pasar por los interrogantes, los rechazos y los momentos singulares del análisis de cada uno.
Es decir que estas y otras preguntas no son ajenas a la conceptualización del analista pero tampoco al momento de su análisis y al punto en el que está tomado en la transferencia.
Apostar a que se exponga el no saber, supone situar los puntos estructurantes de la experiencia ligados a lo imposible del saber, un saber que si es verdadero no se sabe. Por eso no se trata de producir un reforzamiento del discurso universitario que tienda a completar lo que no se sabe, sino a buscar en ese no saber un punto de apoyo. Apoyarnos en lo evanescente de ese saber-no saber, que se corre y escapa, tiene la virtud de propiciar el encuentro con lo que ese mismo escape re-vela: un hilo técnico o la advertencia de un camino…
Nuestra apuesta es que el efecto de transmisión incluya esta advertencia que podríamos sintetizar en el equívoco de las lenguas que posibilitan el encuentro humano pero al mismo tiempo lo complican.
Guillermo Vilela
guillermovilela@fibertel.com.ar
