viernes, 21 de noviembre de 2008


Siendo que el psicoanálisis es entre la ciencia y el arte, no habría en él verdadera enseñanza que no fuera también transmisión.
¿Cómo se transmite el arte de una maniobra como la nuestra, que conduce a un cambio en la posición subjetiva respecto del ser?
Se enseña un saber. Sí, y hay mucho saber producido en la comunidad psicoanalítica; se puede enseñar y de hecho se enseña, pero ese saber está en relación con la verdad y no es para nada evidente que se pueda enseñar la verdad.
Una palabra de Lacan: Es que a una verdad nueva, no es posible contentarse con darle su lugar, pues de lo que se trata es de tomar nuestro lugar en ella. Ella exige que uno se tome la molestia, no se podría lograr por simple hábito. Se habitúa uno a lo real. A la verdad, se la reprime.
Quizá una enseñanza sólo sea transmisión en la medida en que despierte en cada cual el deseo de tomar su lugar en la verdad. Quizá una enseñanza sólo sea transmisión si consigue mantener palpitante la hiancia que subsiste entre el saber y la verdad.
Así entendemos el compromiso ético con nuestra praxis.

En Nota Azul nos gusta pensar que una escuela no es escuela si no se inventa cada vez. Año tras año inventamos una que tiene siempre un lugar de entrada, podría llamarse un umbral. Luego, distribuidas en los tres clásicos pasillos de la formación - estudio de la teoría, análisis del analista y supervisión -, varias habitaciones: lectura y comentario de textos, talleres clínicos y propuestas menos tradicionales; por ejemplo el espacio llamado “Divertimento”, que este año cruzó literatura y psicoanálisis. Hubo otros y variados cruces, y están los que estamos inventando ahora.
Quedamos convocados a un encuentro desayuno informativo, en marzo, para la presentación de la escuela 2009.
Nora Casas
Comisión de Enseñanza
Coordinadora

“La soledad es un amigo que no esta,es su palabra que ya nunca ha de llegar;si es que sus sueños son luces en torno a ti,
tu te das cuenta que el ya nunca ha de morir”
Spinetta

“La soledad de la escritura es una soledad sin la que el escribir no se produce”.
Marguerite Duras “Escribir”

Marco espacial: La escuela, ciudad de Vitry (Francia).
- El maestro: A usted, don Ernesto (que anda por los 12 años aproximadamente), no le ha hecho falta el colegio para saber...
- Ernesto: La inexistencia de Dios. (Pausa larga y densa)
- El maestro: El mundo ha salido mal, don Ernesto.
- Ernesto (tranquilo): Sí, ya lo sabía usted, señor maestro...Sí... Ha salido mal.
- El maestro: De momento digamos que no valía la pena.
- El maestro: Así que, si lo he entendido bien, ¿tampoco ir al colegio vale la pena?
- Ernesto: Tampoco vale la pena, señor maestro, eso es...
- El maestro: ¿Y cómo se aprenden las cosas entonces? ¿Cómo se aprende en el sistema de usted, si no se aprende?
- Ernesto: Cuando no se tiene más remedio, señor maestro... Me parece que he debido de saber en algún momento cómo funciona la cosa. Y luego me la he olvidado.
Marguerite Duras "La lluvia de verano"
Un mundo de inadaptados

“Si miras la cara de alguien durante el tiempo suficiente, acabaras por sentir que te estas mirando a ti mismo”
P. Auster
I. Bergman
En contraposición, había afirmado en su film Persona que los seres que viven demasiado tiempo juntos terminan por parecerse…

La madre
Desde su primer grito el niño sabe que el Otro responde a su arbitrio, que no esta allí a disposición de su necesidad. Y cuando crece si bien se adapta, si su razón y su posibilidad se lo permite, hará de ese saber una condición. La condición de la existencia por excelencia. Bien lo saben aquellos pocos, cada vez menos, que prescindiendo de su semejante, pero a condición de servirse de él, no le temieron a la soledad. Haciendo de ella su razón. Por ello, como lo conceptuara Hegel sólo el amo es amo, por no ceder ante la muerte, su deseo. Aunque mucho se hable de su desamparo.

Los compañeros
La respuesta a esa singularidad radica en el eterno y sintomático fracaso del lazo social. En ese invento de suplir por la sublimación, por el amor fraterno, la disimetría a esa relación que ha generado el poder. La desproporción esencial entre quien tiene y quien no. Entre quien cree ser y quien aspira a serlo. Lo había mostrado Freud en sus análisis de las masas, y lo había descubierto Marx cuando ponderaba la dificultad que instauraba el obstáculo para la clase obrera. Asumir su identidad de clase. Esa aspiración al ideal ha generado -como bien sabemos- las mayores expresiones de goce. Las experiencias más desgarradoras que ha vivido la humanidad (sic)

Lugares comunes: nacimiento y muerte
En la negación de esos eventos extremos de la existencia inventamos la presencia del otro, del semejante, de ese rostro que comprometido con nuestra imagen narcisista, nos ofertará la quimera de su realidad. Escribía C. Pavece (no me canso de citarlo) “pasaba las horas ante el espejo para hacerme compañía”

El amor
Discordancia entre quien ama y quien es amado. Decía de ese “sentimiento” nuestro maestro: “dar lo que no se tiene a quien no lo es” descubriendo el juego de apariencias donde nadie es lo que muestra, y donde nadie ofrece o recibe aquello que promete.
“Vanidad de vanidades”

Goce
Presencia y fading del sujeto en la emergencia de sus deseos y la impotencia de satisfacerlos sino con subterfugios…
Por la inexistencia de la relación sexual y lo real de una practica marcada por la imposibilidad…
Por el des ser sin intersubjetividad…
Álvaro Couso

Biendecir la soledad

Biendecir la soledad

Solos y solas.
Sí, sí parece que la soledad ya no es materia para reflexiones filosóficas, mucho menos fuente de inspiración para poetas, ni qué hablar de perder el tiempo en interrogar la soledad en un análisis. Cien años de soledad, más que una novela recomendable, una amenaza insoportable. ¡Por favor qué demodé! La soledad es un enemigo a combatir y lo ha sido siempre, el clásico “no quedarse para vestir santos” pero versión progre: promesa de un encuentro redondito como un barril pero esta vez con fondo. Y uno bien lindo, el que siempre se ha soñado. Se va al solos y solas, para dejar de estar solo pero sin dejar de ser solo, si no el solos y solas sería un club que no nos admitiría como socios. Paradojas de la vida. Que no se sepa: ser solo tiene sus beneficios.

Redondo, redondo barril sin fondo
¿Acaso tendremos que hacer una campaña para restituir los derechos de “ese no sé qué, que nos produce no sabemos qué cosa”? Hay también una soledad que se precisa para amar. Aquella soledad “ferpecta” que produce un encuentro que nada tiene que ver con las condiciones descriptivas de un otro ideal. Una soledad con agujeritos donde puede producirse algo del amor: del amante al amado. Redondo porque tiene un borde coloreado por la historia singular de cada sujeto; sin fondo porque es preciso que el barril esté agujereado...aunque haya quienes quieran poner ese barril deseante en alguna mesa de saldos.

Valeria González

“Amaras esta voz”
Domingos 20.30 hs
Del Borde Espacio teatral
Chile 630 - San Telmo
Reservas 4300-6201Hasta el 14/12/08
“Canción de amor”
Viernes 21.30 hs.
Sala Escalada
Remedios E. de San Martín 332
Entradas $ 15
Teléfono: 4856-0277
“Las venus de las pieles”
Sábados 21.30 y 23.30 hs.
Reservas 4771- 7005
Capacidad limitada

martes, 21 de octubre de 2008

La primera entrevista es inaugural sin duda, para quien consulta por la razón que lo aqueja, pero que también desconoce.
El psicoanalista deberá mostrar un camino posible que desentrañe la perplejidad a la que conduce la angustia en sus distintas formas.
A veces el malestar trasciende también a los vínculos públicos donde se entrecruzará con “formas renovadas de angustia”, devenidas de la exigencia social actual, que siempre apremia.
Entonces la consulta se impone.

Graciela Safuri
gracielasafuri@ciudad.com.ar
Por Comisión de Admisión
“...me duele la cabeza – decía un niño de 3 años” “...Lo habían conducido a mí...porque...parecía enfermo, pasivo, lleno de pesares. Conmigo repitió su soliloquio. Le pregunté:

- ¿Dónde? Mostrame dónde te duele la cabeza (Nunca se lo habían preguntado).
- Ahí – y señaló el muslo cerca de la ingle
- ¿Y ahí qué cabeza está?
- La de mamá.

Mannoni, M. “La Primera Entrevista con el Psicoanalista” – Ed. Gedisa.

“Repetidamente he oído expresar a mis enfermos, cuando les prometía ayuda o alivio por medio de la cura catártica, la objeción siguiente: “Usted mismo me ha dicho que mi padecimiento depende probablemente de mi destino y circunstancias personales ¿Cómo, no pudiendo usted cambiar nada de ello, va a curarme?” A esta objeción he podido contestar: “No dudo que para el destino sería más fácil que para mí curarla, pero ya se convencerá usted de que adelantamos mucho si conseguimos transformar su miseria histérica en infortunio corriente”.

Freud, S. “Estudios sobre la histeria” Obras Completas, Editorial Biblioteca Nueva

El momento de concluir en el inicio.

Aunque resulte paradójico, nada más propicio que tomar el testimonio de un fin de análisis para indagar en los pormenores de sus inicios. Y tanto mejor si el texto pertenece a un analizante del más célebre psicoanalista después de Freud.
En Una temporada con Lacan[1], Pierre Rey cuenta que su primer contacto con el famoso consultorio de la Rue de Lille fue por vía telefónica. Según parece, una vez formulado el pedido de entrevista, Lacan irrumpió en la línea y tras un largo silencio deslizó la pregunta que precipitó el momento de concluir: “Algo no funciona”[1].
Desde luego, si bien pasaron muchas cosas en los diez años que Rey transitó hasta dar por terminado su tratamiento, todo indica que aquella frase continuó vigente. En efecto: algo no funciona.
Porque acaso ¿no sería éste el enunciado propio de un fin de análisis, a saber: la lisa y llana admisión de un imposible constitutivo, causa del malestar en la cultura y objeto del plus de goce con que el neurótico paga su exceso sintomático?
En otros términos: ¿Qué puede cambiar desde el principio al fin de la experiencia del análisis sino es la posición subjetiva respecto a un mismo enunciado?
Por eso, lejos de insinuar el logro de alguna armonía genital apurada a pura oblatividad, la palabra que orientó el análisis de Rey apuntó más a criticar su particular solución de compromiso que a rebelarse contra la estructura, a dejar caer un lastre que a sostener la ortopedia de un sentido coagulado, a disolver una ilusión que a reforzar la expectativa de una satisfacción imposible:
“... la intensidad se eclipsa por ser demasiado: demasiado, como un sonido perfecto que durase demasiado tiempo, un color demasiado puro, un amor demasiado violento, una belleza demasiado dolorosa. Demasiado. “[1] .
Algo no funciona.
Sergio Zabalza


[1] Pierre Rey, Una temporada con Lacan, Argentina, Seix Barral, 1990.
[1] Op. cit. página 41.
[1] Op. cit., página 84.


Partida

A la pregunta acerca de cómo es la primera entrevista con un psicoanalista, es posible agregar otra ¿Cuál es la primera entrevista? Por supuesto y aquí recurro a la tautología: la primera es la primera y en ese sentido no hay mucho más para agregar. Sin embargo es posible ubicar una diferencia entre primera como principio y aquello que la primera entrevista posee en potencia: un inicio. Es preciso que exista esa primera marca para fundar la posibilidad de esta otra: el inicio de un análisis.

Punto de partida de un viaje que no puede ser anticipado ya que, como lo indica Freud, en un análisis tanto como en un juego de ajedrez, sólo puede saberse y sistematizarse sobre las aperturas y los finales, más nada de cada jugada que se desplegará en el mientras tanto del juego.

Entre la primera entrevista y el inicio de un análisis se construye como diferencia la posibilidad del sujeto de establecer algún interrogante, hacer propia una pregunta sobre el padecimiento que tan ajeno y oscuro resultaba entonces. Eso supone una modificación, no tanto en lo que se dice, sino en la posición que adopta el sujeto frente a sus dichos.

La primera entrevista establece entonces una posibilidad: la de interrogar algo de ese sufrimiento, que no se comprende pero que, sin embargo, se registra con el ser. En este sentido es también ocasión de tomar la palabra y hacer una apuesta que, como señala Freud, permita transformar la miseria del sufrimiento neurótico en un infortunio cotidiano.

C. Valeria González
cvalegonzalez@yahoo.com.ar

martes, 14 de octubre de 2008

Jornadas Clínicas 2008



El amor: entre las tinieblas y la luz

“Al principio era el amor”

Lacan abre su seminario sobre la Transferencia haciendo resonar los versículos del Génesis para situar lo que en el amor tuvo sus comienzos. El Psicoanálisis, fue dado a luz en el marco de un encuentro amoroso. Un hombre y una mujer, comienzo confuso y cargado desde un principio lleva a que Breuer, enmarañado en las tinieblas, reenvíe ese singular demonio al Averno. Un tiempo después Freud lo trae a la luz, se hace su amo, sirviéndose de esa inquietante e insatisfecha fuerza como resorte para la cura.

...Al principio era el amor, nos recuerda también que el hombre, exiliado para siempre de cualquier naturaleza que no sea de palabra, busca remediar su desamparo existencial haciéndose amar, inventando en el mismo acto una nueva dimensión para la muerte: Morir de amor.

La clínica psicoanalítica nos confronta a cada paso con el decir de los pacientes que testimonia las torsiones subjetivas del amor: amores que desamarran en la tierra de la luz plena apagando de ese modo el deseo; amores que escenifican su perpetua oscuridad imposibilitante y otros amores que hacen suplemento a lo imposible de la relación sexual.

Abrimos la invitación a participar de esta jornada clínica en la que seguiremos articulando los interrogantes acerca del amor trabajados durante este año en los diversos espacios de nuestra institución.

Ciclo 2008
Tristán e Iseo. Morir de amor, una invención humana
Reunión Final

06 de Diciembre de 2008 - 10.00 hs

Perú 322
"Sede de la Asociación Ex alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires" - C.A.B.A.
Informes: 4864-8072

miércoles, 27 de agosto de 2008

El silencio y la desaparición de personas

Entendemos el silencio en Psicoanálisis como un intervalo entre dos emisiones de sonido. Pero también debemos hacer referencia a otra dimensión en la que ese tipo de intervalo/silencio no ha tenido lugar en un sujeto. Se trata de un silencio no acotado que se traduce en la clínica por una constante emisión de ruido, de voces que impiden que ese sujeto pueda tomar la palabra. Uno y otro silencio son un patrimonio humano y tienen, en circunstancias excepcionales vías de contacto, infiltraciones de uno en el otro. Al primer silencio lo llamaremos silencio simbólico y al segundo silencio de silencio.

El silencio simbólico puede mostrar su primacía incluso haciendo que un mar de ruido pase a segundo plano. De todas formas, el fondo sonoro en el que se despliega el silencio simbólico no es siempre el mismo; el silencio de silencio puede incluso imponerse y, en el extremo, tener primacía. Tenemos en cuenta, para lo que sigue, que uno y otro silencio corresponden a diferentes estructuras subjetivas pero también que cierto consenso social autoritario puede incidir en los sujetos en el sentido de tomar o no la palabra.

El avance de la justicia sobre el silencio de silencio que rodeó la desaparición de personas durante la dictadura militar se presenta como un creciente número de voces que casi imperceptiblemente agregan su sonido al fondo sonoro anónimo de la ciudad.

A continuación un fragmento testimonial sobre la incidencia de esas voces en el fondo sonoro colectivo de nuestra sociedad, un fondo que propicia el despliegue del silencio simbólico, permitiendo que más sujetos tomen la palabra.

Estábamos allí, en una calle de Buenos Aires, apiñados en la vereda, a punto de hacer un homenaje a tres militantes populares desaparecidos durante la dictadura militar. Ellos habían vivido en el edificio que teníamos junto a nosotros. Un grupo de ceramistas había realizado un baldosón con el nombre de ellos.

A medida que llegaba más gente, dejamos de respetar el cordón de la vereda y comenzamos a ocupar parte de la calle. Los autos y colectivos también se apiñaron en la estrecha franja que les dejamos y no dejaron de estar muy cerca, casi rozándonos con su volumen físico y sonoro.
Los rugidos y ronroneos de los motores no constituían el fondo lejano de la ciudad sino una interferencia que hacía imposible que nos pudiéramos escuchar. Sin embargo, por momentos, no era una interferencia sino algo que emitía la misma vibración, con la misma pasta vocal de los que, con el micrófono, se sucedían en el homenaje. En forma intermitente ocurría ese fenómeno de integración sonora.

Algunos oradores lograban conmovernos por las cosas que decían, por los recuerdos que le arrancaban a ese pozo anónimo instalado en el centro exacto de la desidia de cada quién. Muchos llegaron emocionados y se sumaron a esas voces y muchos otros descubrieron allí como se abría la hendidura del recuerdo y el afecto. Todos, diría, escuchamos en algún momento como la voz pequeña y grave, apenas audible de una Madre de Plaza de Mayo, se confundía con el ronroneo del tránsito trabado por nuestros cuerpos.

Fue allí que el ruido se transformó en sonido, en el momento en que las palabras de recordación y lucha y los motores conformaron una figura de rostros múltiples que pulsaba musitando los nombres de Lila, Luis y Claudio Epelbaum.

Fue entonces que pensamos por un instante que ya habíamos escuchado esos sonidos caminando por allí. Esos nombres, esa vocecita mezclada con el movimiento del barrio. Sonidos, más que ruidos de la ciudad, que en el trajín cotidiano (cuando los coches transitan o cuando no transitan) dejamos de escuchar pero que son el hueco en el que se alojan nuestras voces cotidianas. Pienso que, a partir de hoy ese hueco será Otro, alojará nuestra palabra de otra manera. No escucharemos el ronroneo, salvo que hagamos un esfuerzo de atención, pero estará y será, como siempre, sin duda, la materia de la que estará hecho el silencio simbólico que hoy nos permite hablar.
Guillermo Vilela
guillermovilela@fibertel.com.ar

Silencio

A menudo hemos oído la frase "guardar silencio", por lo que puede suponerse ¿qué guarda el silencio?, sin duda un relato no dicho, para Freud "el relato como un camino o la respuesta a un enigma".

Wittgenstein escribe: "aquello de lo que no se puede hablar hay que callarlo" "...el vector del silencio ... por un lado una ética indecible, por el otro una ética del decir a medias". ".... ¿estaría ligada la experiencia ética a la experiencia del límite, de la que formaría parte el silencio?"

Si el valor de la cura es como efecto de nominación, la verdad de la palabra no es en etimología sino en su uso.
¿Qué “guarda el silencio"? Podría tratarse de un secreto...quizás, ¿y qué camino posible andaría ese secreto, portado por alguien en tributo a la novela familiar? Si está prohibido su decir y aparece su decir en un síntoma, al menos está enhebrado ahí y tiene abierta la vía sintomática previa a la nominación, la palabra luego es posible. El secreto ¿es tal porque su condición es el de ser revelado? entonces está guardado pero no perdido, a diferencia de lo indecible, eso que no puede hacerse conciente, el ombligo del sueño al decir de Freud.
Graciela Safuri
gracielasafuri@ciudad.com.ar

Referencias: “La ética del silencio, Wittgenstein y Lacan": Francoise Fonteneau - Atuel-Anafora - 2000

lunes, 25 de agosto de 2008

“Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡Silencio! Nos hundiremos en un mar de luto. ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!”
F.G. Lorca. La casa de Bernarda Alba

“Ocurre que las orejas no tienen párpados”
Pascal Quignard “El odio a la música”

“Acá en el Tigre, lo más insoportable es el silencio”
Un niño de 10 años

”...pero resulta que las sirenas tienen un arma aún más terrible que su canto, a saber: su silencio”.
F. Kafka “El silencio de las sirenas”

Homenaje a Ulloa


En el proceso psicoanalítico, sea este individual, grupal o institucional la función del analista es básicamente hacer de su presencia una disposición al encuentro con el deseo, sin encaminarlo hacia algún ideal ni aplastarlo con el propio. Efectivamente en esto consiste la abstinencia analítica, tal como aprendí de Ulloa, algo muy alejado de la indolencia afectiva o de la neutralidad cruelmente obsesiva. Él consideraba que se debía destacar el papel central de la abstinencia no solo en la conducción interpretativa de una cura sino y sobre todo en el reconocimiento y elaboración de la contratransferencia. Toda su práctica estuvo marcada por esta consideración.
En la experiencia compartida de un análisis, el analista se irá convirtiendo en una presencia amiga en tanto capaz de sobrevivir al ejercicio de destrucción imaginaria a la que la somete el amor-odio en la transferencia.
La apuesta analítica, que se conforma sobre un fondo de eterna repetición de lo mismo, apunta a la aparición de alguna metáfora vivificante que abra una brecha temporal que aloje al sujeto.
Un paciente, hijo póstumo, encuentra en la relación con su analista la oportunidad de entablar un diálogo con su padre muerto, restañar en ese diálogo heridas abiertas y aligerar el peso de una nostalgia culposa que aún antes de sus primeras vivencias afectivas tiñe su existencia de un tinte opresivo e inhibitorio.
El paciente quien sabe que el analista no es su padre - éste por supuesto no pretende serlo pero tampoco rehuye a evocarlo- reconoce en los afectos que le despierta, viejos anhelos, amores y rencores, sus proyecciones al respecto. Intuye entonces en los avatares transferenciales que agitan ese análisis que algo importante está sucediendo.
Podemos suponer que se repiten con el analista las vicisitudes fantasmatizadas de un encuentro que realmente jamás se produjo. Situación verdaderamente paradojal en la que se desenvuelve ese análisis. Habría que enfatizar una cuestión: la transferencia obliga al analista a interpretar al padre. Conservemos la multiplicidad y diversidad semántica del término interpretar.
El guión que el paciente aporta con su relato es condición necesaria pero no suficiente para que la interpretación ocurra, el analista deberá recurrir entonces a su propio inconsciente, fuente valedera de resonancias inéditas, como diría Ulloa.
Así como un pianista inspirado al ejecutar una partitura hace oír al propio compositor melodías jamás apreciadas, el analista, en lo remanido del guión de una vida, hace oír aquello que nunca antes fue escuchado, retorna en las interpretaciones lo verdaderamente inaudito de la trama.
En el caso que comento, en donde la transferencia repite una vez más ese diálogo imposible con el padre muerto, la presencia real del analista permite que el paciente haga la experiencia de que sus palabras sean por fin escuchadas, de poder dirigirlas verdaderamente a alguien, que sin ser el padre su presencia interpela.
Lacan dijo alguna vez que los análisis comienzan hablándole de uno a nadie y continúan hablándole a alguien pero no de uno y terminan cuando aquel, que seguramente ha cambiado sensiblemente en su transcurso, consigue hablar de sí a alguien. Conjeturo que la transformación de la palabra del sujeto tiene como principal motor la aparición del analista como presencia amiga. Esta presencia supo encarnarla magistralmente Fernando Ulloa.

Luis Vicente Miguelez
lmiguelez@fibertel.com.ar


jueves, 21 de agosto de 2008

Comienza el viaje


Comienza el viaje de La Nota. Un recorrido que anhelamos permita entramar palabras. Palabras desde el Psicoanálisis, pero también desde los múltiples lugares y discursos que nos convocan. Palabras de esas que a veces garabateamos con el apremio de algo que pulsa por salir. Palabras que alguna vez leímos y poblaron nuestra casa hasta dejarnos temblando. Palabras escritas que permiten leer y de las que por leerse permiten otras escrituras.

Con este periódico queremos abrir un espacio en el que sea posible rescatar el valor de preguntar, aún sobre aquello que lleva el signo de la certidumbre y el de la prestancia de lo constituido. Así, tendremos una sección donde se darán cita nuestras preguntas; no porque preguntando se llegue a Roma, sino porque cierto modo de preguntar invita a hablar para que algo pueda ir escribiéndose.

Contaremos con nuestra “Bitácora de frases”, donde cada quien está invitado a abrir el cofrecito palabrero, allí donde conservamos como reliquias esas frases que
lograron alcanzarnos y dejaron en nosotros la marca de lo inquietante y de lo bello. De ese instante en el que callan los seres y habla la palabra.

Y así desamarra La Nota, decidida a hacer resonar las palabras por-venir para soltarlas luego en un viaje que no tiene más rumbo que el placer de escribir.
La invitación está en marcha. ¿Qué te impulsa a escribir la palabra que sigue?

Sección Clínica