martes, 21 de octubre de 2008

La primera entrevista es inaugural sin duda, para quien consulta por la razón que lo aqueja, pero que también desconoce.
El psicoanalista deberá mostrar un camino posible que desentrañe la perplejidad a la que conduce la angustia en sus distintas formas.
A veces el malestar trasciende también a los vínculos públicos donde se entrecruzará con “formas renovadas de angustia”, devenidas de la exigencia social actual, que siempre apremia.
Entonces la consulta se impone.

Graciela Safuri
gracielasafuri@ciudad.com.ar
Por Comisión de Admisión
“...me duele la cabeza – decía un niño de 3 años” “...Lo habían conducido a mí...porque...parecía enfermo, pasivo, lleno de pesares. Conmigo repitió su soliloquio. Le pregunté:

- ¿Dónde? Mostrame dónde te duele la cabeza (Nunca se lo habían preguntado).
- Ahí – y señaló el muslo cerca de la ingle
- ¿Y ahí qué cabeza está?
- La de mamá.

Mannoni, M. “La Primera Entrevista con el Psicoanalista” – Ed. Gedisa.

“Repetidamente he oído expresar a mis enfermos, cuando les prometía ayuda o alivio por medio de la cura catártica, la objeción siguiente: “Usted mismo me ha dicho que mi padecimiento depende probablemente de mi destino y circunstancias personales ¿Cómo, no pudiendo usted cambiar nada de ello, va a curarme?” A esta objeción he podido contestar: “No dudo que para el destino sería más fácil que para mí curarla, pero ya se convencerá usted de que adelantamos mucho si conseguimos transformar su miseria histérica en infortunio corriente”.

Freud, S. “Estudios sobre la histeria” Obras Completas, Editorial Biblioteca Nueva

El momento de concluir en el inicio.

Aunque resulte paradójico, nada más propicio que tomar el testimonio de un fin de análisis para indagar en los pormenores de sus inicios. Y tanto mejor si el texto pertenece a un analizante del más célebre psicoanalista después de Freud.
En Una temporada con Lacan[1], Pierre Rey cuenta que su primer contacto con el famoso consultorio de la Rue de Lille fue por vía telefónica. Según parece, una vez formulado el pedido de entrevista, Lacan irrumpió en la línea y tras un largo silencio deslizó la pregunta que precipitó el momento de concluir: “Algo no funciona”[1].
Desde luego, si bien pasaron muchas cosas en los diez años que Rey transitó hasta dar por terminado su tratamiento, todo indica que aquella frase continuó vigente. En efecto: algo no funciona.
Porque acaso ¿no sería éste el enunciado propio de un fin de análisis, a saber: la lisa y llana admisión de un imposible constitutivo, causa del malestar en la cultura y objeto del plus de goce con que el neurótico paga su exceso sintomático?
En otros términos: ¿Qué puede cambiar desde el principio al fin de la experiencia del análisis sino es la posición subjetiva respecto a un mismo enunciado?
Por eso, lejos de insinuar el logro de alguna armonía genital apurada a pura oblatividad, la palabra que orientó el análisis de Rey apuntó más a criticar su particular solución de compromiso que a rebelarse contra la estructura, a dejar caer un lastre que a sostener la ortopedia de un sentido coagulado, a disolver una ilusión que a reforzar la expectativa de una satisfacción imposible:
“... la intensidad se eclipsa por ser demasiado: demasiado, como un sonido perfecto que durase demasiado tiempo, un color demasiado puro, un amor demasiado violento, una belleza demasiado dolorosa. Demasiado. “[1] .
Algo no funciona.
Sergio Zabalza


[1] Pierre Rey, Una temporada con Lacan, Argentina, Seix Barral, 1990.
[1] Op. cit. página 41.
[1] Op. cit., página 84.


Partida

A la pregunta acerca de cómo es la primera entrevista con un psicoanalista, es posible agregar otra ¿Cuál es la primera entrevista? Por supuesto y aquí recurro a la tautología: la primera es la primera y en ese sentido no hay mucho más para agregar. Sin embargo es posible ubicar una diferencia entre primera como principio y aquello que la primera entrevista posee en potencia: un inicio. Es preciso que exista esa primera marca para fundar la posibilidad de esta otra: el inicio de un análisis.

Punto de partida de un viaje que no puede ser anticipado ya que, como lo indica Freud, en un análisis tanto como en un juego de ajedrez, sólo puede saberse y sistematizarse sobre las aperturas y los finales, más nada de cada jugada que se desplegará en el mientras tanto del juego.

Entre la primera entrevista y el inicio de un análisis se construye como diferencia la posibilidad del sujeto de establecer algún interrogante, hacer propia una pregunta sobre el padecimiento que tan ajeno y oscuro resultaba entonces. Eso supone una modificación, no tanto en lo que se dice, sino en la posición que adopta el sujeto frente a sus dichos.

La primera entrevista establece entonces una posibilidad: la de interrogar algo de ese sufrimiento, que no se comprende pero que, sin embargo, se registra con el ser. En este sentido es también ocasión de tomar la palabra y hacer una apuesta que, como señala Freud, permita transformar la miseria del sufrimiento neurótico en un infortunio cotidiano.

C. Valeria González
cvalegonzalez@yahoo.com.ar

martes, 14 de octubre de 2008

Jornadas Clínicas 2008



El amor: entre las tinieblas y la luz

“Al principio era el amor”

Lacan abre su seminario sobre la Transferencia haciendo resonar los versículos del Génesis para situar lo que en el amor tuvo sus comienzos. El Psicoanálisis, fue dado a luz en el marco de un encuentro amoroso. Un hombre y una mujer, comienzo confuso y cargado desde un principio lleva a que Breuer, enmarañado en las tinieblas, reenvíe ese singular demonio al Averno. Un tiempo después Freud lo trae a la luz, se hace su amo, sirviéndose de esa inquietante e insatisfecha fuerza como resorte para la cura.

...Al principio era el amor, nos recuerda también que el hombre, exiliado para siempre de cualquier naturaleza que no sea de palabra, busca remediar su desamparo existencial haciéndose amar, inventando en el mismo acto una nueva dimensión para la muerte: Morir de amor.

La clínica psicoanalítica nos confronta a cada paso con el decir de los pacientes que testimonia las torsiones subjetivas del amor: amores que desamarran en la tierra de la luz plena apagando de ese modo el deseo; amores que escenifican su perpetua oscuridad imposibilitante y otros amores que hacen suplemento a lo imposible de la relación sexual.

Abrimos la invitación a participar de esta jornada clínica en la que seguiremos articulando los interrogantes acerca del amor trabajados durante este año en los diversos espacios de nuestra institución.

Ciclo 2008
Tristán e Iseo. Morir de amor, una invención humana
Reunión Final

06 de Diciembre de 2008 - 10.00 hs

Perú 322
"Sede de la Asociación Ex alumnos del Colegio Nacional Buenos Aires" - C.A.B.A.
Informes: 4864-8072