Álvaro Couso
… a Jorge Presta
“y ahora hablemos del futuro, querida amiga.
Preferiría gozar en silencio, del presente, mí señor”
J. Steimbeck
“Las horas mi locura las esconde…”
F. de Quevedo
Asistimos más o menos cotidianamente, a una polémica irresoluble -en los términos que se la plantea- entre la moral y la ciencia, entre la conciencia y la irreflexión, entre los valores religiosos y la disipación, entre el ideal y lo posible, sin descuidar, en realidad tomando buen cuidado, de los condicionantes políticos -los intereses- que sobre el particular coinciden. El discurso ideológico hace uso de la problemática dividiendo ficticia y artificialmente las aguas. Allí donde el paradigma sostiene la defensa de la vida ante las diferentes formas que existen de interrogarla, por sobre cualquier especulación, la vida es exhibida como valor supremo. No obstante… Podemos afirmar que los medios de información, generadores de opinión, inducen, sugieren, imponen perspectivas que la sociedad toma y recrea haciendo que cada sujeto reciba, inversamente, su propio mensaje desde el Otro. (1) Hay en este sentido un sutil juego de reciprocidades. Por un lado se condena la suspensión de un embarazo, se niega el aborto a una mujer que fue violada o de una discapacitada, el discurso religioso censura el uso del preservativo, coincidentemente se sostiene un inmutable rechazo a las diferentes formas de muerte asistida. Por otro, el miedo, la inseguridad, el odio, la agresividad se constituyen en factores que justifican una respuesta exterminadora. Se propone, se incita una actitud paranoica, que hace del otro un enemigo irreconciliable. Así la sociedad a través de sus voceros puede exigir la muerte para quien cometió un delito criminal, la reclusión perpetua o la reducción del límite de edad para sancionar penalmente a los jóvenes…pero sobre todo desde la concepción taliónica, aquella del ojo por ojo; la muerte.
… a Jorge Presta
“y ahora hablemos del futuro, querida amiga.
Preferiría gozar en silencio, del presente, mí señor”
J. Steimbeck
“Las horas mi locura las esconde…”
F. de Quevedo
Asistimos más o menos cotidianamente, a una polémica irresoluble -en los términos que se la plantea- entre la moral y la ciencia, entre la conciencia y la irreflexión, entre los valores religiosos y la disipación, entre el ideal y lo posible, sin descuidar, en realidad tomando buen cuidado, de los condicionantes políticos -los intereses- que sobre el particular coinciden. El discurso ideológico hace uso de la problemática dividiendo ficticia y artificialmente las aguas. Allí donde el paradigma sostiene la defensa de la vida ante las diferentes formas que existen de interrogarla, por sobre cualquier especulación, la vida es exhibida como valor supremo. No obstante… Podemos afirmar que los medios de información, generadores de opinión, inducen, sugieren, imponen perspectivas que la sociedad toma y recrea haciendo que cada sujeto reciba, inversamente, su propio mensaje desde el Otro. (1) Hay en este sentido un sutil juego de reciprocidades. Por un lado se condena la suspensión de un embarazo, se niega el aborto a una mujer que fue violada o de una discapacitada, el discurso religioso censura el uso del preservativo, coincidentemente se sostiene un inmutable rechazo a las diferentes formas de muerte asistida. Por otro, el miedo, la inseguridad, el odio, la agresividad se constituyen en factores que justifican una respuesta exterminadora. Se propone, se incita una actitud paranoica, que hace del otro un enemigo irreconciliable. Así la sociedad a través de sus voceros puede exigir la muerte para quien cometió un delito criminal, la reclusión perpetua o la reducción del límite de edad para sancionar penalmente a los jóvenes…pero sobre todo desde la concepción taliónica, aquella del ojo por ojo; la muerte.
Leer completo en:
No hay comentarios:
Publicar un comentario