Un mundo de inadaptados
“Si miras la cara de alguien durante el tiempo suficiente, acabaras por sentir que te estas mirando a ti mismo”
P. Auster
“Si miras la cara de alguien durante el tiempo suficiente, acabaras por sentir que te estas mirando a ti mismo”
P. Auster
I. Bergman
En contraposición, había afirmado en su film Persona que los seres que viven demasiado tiempo juntos terminan por parecerse…
La madre
Desde su primer grito el niño sabe que el Otro responde a su arbitrio, que no esta allí a disposición de su necesidad. Y cuando crece si bien se adapta, si su razón y su posibilidad se lo permite, hará de ese saber una condición. La condición de la existencia por excelencia. Bien lo saben aquellos pocos, cada vez menos, que prescindiendo de su semejante, pero a condición de servirse de él, no le temieron a la soledad. Haciendo de ella su razón. Por ello, como lo conceptuara Hegel sólo el amo es amo, por no ceder ante la muerte, su deseo. Aunque mucho se hable de su desamparo.
Los compañeros
La respuesta a esa singularidad radica en el eterno y sintomático fracaso del lazo social. En ese invento de suplir por la sublimación, por el amor fraterno, la disimetría a esa relación que ha generado el poder. La desproporción esencial entre quien tiene y quien no. Entre quien cree ser y quien aspira a serlo. Lo había mostrado Freud en sus análisis de las masas, y lo había descubierto Marx cuando ponderaba la dificultad que instauraba el obstáculo para la clase obrera. Asumir su identidad de clase. Esa aspiración al ideal ha generado -como bien sabemos- las mayores expresiones de goce. Las experiencias más desgarradoras que ha vivido la humanidad (sic)
En contraposición, había afirmado en su film Persona que los seres que viven demasiado tiempo juntos terminan por parecerse…
La madre
Desde su primer grito el niño sabe que el Otro responde a su arbitrio, que no esta allí a disposición de su necesidad. Y cuando crece si bien se adapta, si su razón y su posibilidad se lo permite, hará de ese saber una condición. La condición de la existencia por excelencia. Bien lo saben aquellos pocos, cada vez menos, que prescindiendo de su semejante, pero a condición de servirse de él, no le temieron a la soledad. Haciendo de ella su razón. Por ello, como lo conceptuara Hegel sólo el amo es amo, por no ceder ante la muerte, su deseo. Aunque mucho se hable de su desamparo.
Los compañeros
La respuesta a esa singularidad radica en el eterno y sintomático fracaso del lazo social. En ese invento de suplir por la sublimación, por el amor fraterno, la disimetría a esa relación que ha generado el poder. La desproporción esencial entre quien tiene y quien no. Entre quien cree ser y quien aspira a serlo. Lo había mostrado Freud en sus análisis de las masas, y lo había descubierto Marx cuando ponderaba la dificultad que instauraba el obstáculo para la clase obrera. Asumir su identidad de clase. Esa aspiración al ideal ha generado -como bien sabemos- las mayores expresiones de goce. Las experiencias más desgarradoras que ha vivido la humanidad (sic)
Lugares comunes: nacimiento y muerte
En la negación de esos eventos extremos de la existencia inventamos la presencia del otro, del semejante, de ese rostro que comprometido con nuestra imagen narcisista, nos ofertará la quimera de su realidad. Escribía C. Pavece (no me canso de citarlo) “pasaba las horas ante el espejo para hacerme compañía”
El amor
Discordancia entre quien ama y quien es amado. Decía de ese “sentimiento” nuestro maestro: “dar lo que no se tiene a quien no lo es” descubriendo el juego de apariencias donde nadie es lo que muestra, y donde nadie ofrece o recibe aquello que promete.
“Vanidad de vanidades”
Goce
Presencia y fading del sujeto en la emergencia de sus deseos y la impotencia de satisfacerlos sino con subterfugios…
Por la inexistencia de la relación sexual y lo real de una practica marcada por la imposibilidad…
Por el des ser sin intersubjetividad…
Álvaro Couso
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